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Arturo Merzario
Cuando sacó del infierno a Niki Lauda
El 1º de Agosto de 1976, en la curva del Km 11 del circuito de Nurburbring y a 22 años exactos de la victoria de Fangio allí mismo –el día anterior se había matado Onofre Marimón- Niki Lauda se despistó con su Ferrari 312 T en el piso húmedo – había puesto slicks un rato antes – rebotó contra la maleza y se metió en el infierno en un circuito de 22,8 kms de recorrido. Poco después llegaban y paraban para tratar de hacer algo Edwards, Ertl, lunger y el extrovertido italiano Arturo Merzario, del que siempre había que esperar algo supuestamente curioso. Esta vez se puso en evidencia su verdadera personalidad. Fue el único que se metió en la hoguera, le quitó los cinturones a Lauda y lo sacó del auto para dejarlo en el suelo, lejos del infierno.
La increíble recuperación del piloto austríaco es bien conocida y no tiene comparación con nada. Poco después – totalmente desfigurado – ya estaba corriendo. El resto de su vida transcurrió como si aquel accidente inigualable no hubiera ocurrido. Pero hubo otra historia silenciosa que tiene que ver con el “cowboy” Merzario y su gesto incomparable.
”Cuando pudo hablar dio una conferencia de prensa y ni me nombró. Hacia fin de año lo encontré en Monza. Pasó al lado mío y me dijo: Adiós...! y siguió caminando, recordaba Merzario hace tiempo, y continuaba: “Meses después corrí una carrera en Salzburgo, cerca de su casa, y apareció con un reloj pulsera. Me dijo que era de Mariela, su mujer, y que me lo regalaba. Se imagina donde le dije que se lo pusiera...!me regalaba un reloj usado.... Me indignó tanto que dejé el entrenamiento y no corrí. Poco después – continúa Merzario – el Ing. Chitti, con temor de que hubiera problemas entre Ferrari y Alfa Romeo, me dijo que aceptara el regalo. No era el de Mariela, era uno muy bueno, y me lo colocó en la muñeca. Era un estupendo Heuer, pero desde entonces uso relojes ordinarios. Nunca olvidaré su falta de estilo y me sentí herido; era una cuestión de principios...”, declaraba el pintoresco Arturo, sin perdonar el cuestionable comportamiento de quien le debe la vida.


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