Aunque el Automóvil Club Argentino nunca estuvo junto al automovilismo deportivo doméstico, salvo en la fiscalización de Temporadas Internacionales o Grandes Premios, ésta vez tomó una iniciativa y prohibió correr con acompañante en la categoría Turismo 4000 Argentino y les comunicó a sus federaciones regionales que desde 2007 no se permitirán acompañantes en categorías hasta 1600 cc. Como en el caso de la primera, también en ésta debió regir la medida desde la próxima fecha.
Mas que una tradición parece una maldición argentina la de buscar soluciones a los problemas serios después que ocurrieron accidentes fatales. Sucede en todos los ámbitos de la vida diaria. Desde Cromañón hasta el TC en Rafaela. Todo el mundo sabe de los peligros existentes, pero nadie quiere tomar decisiones que afecten su conveniencia, que va desde lo político o popular hasta lo económico. Y todo sigue como está. Mal, pero sigue. Y todo se remite a declaraciones -generalmente absurdas- cuando en un paso a nivel sin barreras un tren destroza un colectivo cargado de gente. O en una carrera de autos alguien se mata cuando el accidente pudo haberse previsto.
Esto ocurrió siempre. El periodismo grita que hay que buscar soluciones, pero no ayuda a tomarlas ni expresa claramente su posición. Y los pilotos tratan de unirse -algo imposible históricamente- y toman medidas pensando en la repercusión que puedan tener en los organizadores, en el público o en el pueblo donde se produjo la tragedia. Es decir, nada útil.
El TC terminó cuando en la Balcarce-Lobería hubo 7 muertos y 23 heridos. Cuando se tuvo que dejar de correr -también en forma absurda por la época- en circuitos carreteros. Allí terminó la tarea del acompañante. El que defiende la tradición lo hace porque queda bien, no porque lo sienta. Teme quedar mal con alguna gente. Por lo tanto, sigue todo igual. Y la actividad automovilística -que no es deporte- es peligrosa, como pocas. Por eso la denominan Cruel. Porque practicándola se puede perder la vida. Y quien lo hace sabe a lo que se expone. Por eso, accidentes como el de Rafaela son muy tristes, pero previsibles. Y no correr en señal de duelo es otro signo de demagogia. Porque eso no va a impedir que pueda ocurrir nuevamente. Lo que hay que hacer es trabajar para desterrar lo absurdo, vigilar la seguridad y ser valientes y sinceros en el suministro de licencias para conducir autos de carrera. El automovilismo no es sólo ponerse un buzo y un casco de colores para salir por TV. El que lo practica sabe a lo que se expone. Un acompañante en una pista, mejor no pensarlo.
El acompañante del TC: Ayer y hoy