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Las automotrices van en coche...

La industria automotriz argentina terminó el año sonriendo, tal como se esperaba. El acomodamiento económico del país así lo hizo pensar desde los primeros meses del año que finaliza, teniendo en cuenta además, que 2005 estuvo empujado -en varios sectores- por una demanda reprimida. A partir del boom agricola ganadero -como ocurrió siempre en la economía argentina- se puso en circulación una cantidad de dinero que hizo posible la venta extraordinaria de todo aquello que el consumidor desea: desde teléfonos celulares y toda clase de artículos electrónicos, hasta automóviles.

Sin embargo, 2006 se presenta con muchos interrogantes inquietantes. En primer lugar el año finaliza con un cambio que para la marcha del país es, por lo menos, temible: el cambio del ministro de Economía. Muy poca gente, -nadie, se puede afirmar- conoce los nombres de los ministros del ramo de Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, España, entro otros. Aquí, en las últimas décadas, el ministro de Economía de turno se convirtió en la figura popular de todo los gobiernos. Una especie de astro del rock & roll que se hizo -en todos los casos- tremendamente popular y su nombre y apellido fue motivo de alegrías o tristezas de gente de todos los sectores sociales. Fue, siempre, más popular que los presidentes, en un país que gira constantemente, alrededor del jefe del Poder Ejecutivo. Y, para peor, como si su sola gestión fuera motivo de éxito o de fracaso en una Argentina que, es ese sentido -el problema socioeconómico- anda a los tumbos desde hace medio siglo.

La nueva gestión se encuentra con un país que no resuelve los problemas estructurales y atacado por una espiral inflacionaria que preocupa a todos. Porque, como siempre, cuando al trabajador no le alcanza el sueldo recurre a su representante sindical. Y ocurre lo que decía el General Perón cuando éramos chicos: "los salarios suben por la escalera y los precios por el ascensor".

Las expectativas de la industria automotriz para 2006 son moderadas, según lo expresó el Sr. Felipe Rovera, presidente de ADEFA y de General Motors Argentina S.A. que, por su condición de brasileño, ya se encontró con estos problemas mientras su país se convertía en lider regional.

No debemos olvidar que aquel techo mágico del medio millón de unidades despachadas en 1994 se debió a que existía una especie folklórica de clase media -cómo se inventó lo dejaremos para otra ocasión- que motivó el "deme dos" e invadió al mundo con un consumismo fenomenal. Fue una fiesta -que, como muchas, terminó mal- y que nos transformó por un momento, en primer mundo. A los Jumbo no le alcanzaban los asientos ni las bodegas. Y la gente se compró todo lo que había.

Luego de una catástrofe sufrida -una vez más- por todos, volvimos a remar -yo, personalmente, por tercera vez- y aquí estamos, mucho más golpeados y tratando de ascender una cuesta...que cuesta. El Sr. Rovera dice, con razón, que debemos tener conciencia sobre nuestras capacidades y nuestras limitaciones . Una producción mayor trae problemas, especialmente de provedores y mano de obra, el Gobierno debe mantener su rumbo, los bancos deben dar crédito accesibles y se debe pensar en las retenciones a la exportación, rubro que preocupa también a otros sectores fundamentales.

Finalmente, creo que también llegó el momento de producir vehículos para gente de menores recursos. A ninguna terminal del mundo le conviene producir autos baratos. Se gana más y sin problemas con los de alta gama. Pero por razones hasta de orden social, no se debe dejar afuera a la gran cantidad de potenciales compradores que con los sueldos-promedio actuales no puede pagar de 30,000 pesos en adelante por un auto que la empresa ya amortizó varias veces.

La industria automotriz debe recordar que los productores de soja ya tienen tres autos cada uno. No muchos van a seguir comprando. Y que cuando el auto se consideraba -además- como una herramienta de trabajo, se inventó el "auto de los novios", el 500 y, en nuestro país, el 600 fue el primer auto para muchos matrimonios jóvenes que se iniciaban en ese siempre inquietante momento de formar una familia. El negocio será más chico. Pero empecemos a distribuir mejor lo que hay. La vida, entre nosotros, se puso muy despareja. Y eso tampoco es bueno.

 

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